¿Déficit de atención… o dificultad para decidir dónde ponerla?
Hay algo del nombre TDAH —trastorno por déficit de atención e hiperactividad— que nunca ha terminado de encajarme del todo: eso de “déficit de atención”.
Porque, al menos en mi experiencia, muchas veces no siento que me falte atención.
A veces siento que me sobra.
Puedo pasarme tres, cuatro o más horas completamente concentrada en algo que me interesa. Investigo, escribo, creo, busco una cosa que me lleva a otra y, cuando levanto la cabeza, pienso:
“¿Pero qué hora es?”
No he comido.
No he mirado el móvil.
Ni siquiera he escuchado que me estaban llamando.
Y entonces aparece inevitablemente la pregunta:
¿Dónde estaba mi déficit de atención durante todas esas horas?
Cuando concentrarse no es el problema
Esta capacidad de quedar completamente absorbida por una actividad suele describirse como hiperfoco en el TDAH.
Y desde fuera puede resultar contradictorio.
¿Cómo puede una persona tener dificultades de atención y, al mismo tiempo, pasar horas concentrada en una sola cosa?
Precisamente porque el problema no siempre está en tener o no tener atención.
Muchas veces está en regularla.
En mi caso, la diferencia se vuelve evidente cuando tengo que dirigir esa misma atención hacia algo que mi cerebro no considera suficientemente interesante, urgente, novedoso o estimulante.
Entonces cambia todo.
Una tarea que objetivamente podría llevarme diez minutos puede convertirse en una montaña.
Sé que tengo que hacerla.
Sé cómo hacerla.
Incluso sé que probablemente tardaré poquísimo cuando empiece.
Y, aun así, empezar puede costarme muchísimo más que pasar cuatro horas investigando algo que me apasiona.
El hiperfoco también tiene otra cara
A veces hablamos del hiperfoco casi como si fuera un superpoder.
Y sí, puede tener una parte maravillosa.
Cuando algo me apasiona puedo crear, investigar, aprender y profundizar durante horas.
Pero también está la otra cara.
Porque entrar profundamente en algo no significa necesariamente poder decidir cuándo salir.
Puedes perder la noción del tiempo, retrasar otras tareas, olvidarte de comer o descubrir que aquello que iba a ocuparte media hora se ha llevado buena parte de la tarde.
Por eso, para mí, entender el TDAH únicamente como una falta de atención se queda corto.
“Para lo que te interesa, bien que te concentras”
Creo que muchas personas con TDAH hemos escuchado alguna vez alguna versión de esta frase:
“Para lo que te interesa, bien que te concentras.”
Pues sí.
Precisamente.
Y durante mucho tiempo esa frase puede hacerte pensar que el problema es simplemente falta de voluntad.
“Si puedo concentrarme aquí, debería poder hacerlo allí.”
Pero mi experiencia no funciona así.
No siempre puedo elegir con la misma facilidad dónde pongo mi atención, cuándo consigo activarla y cuándo logro retirarla de aquello que me ha atrapado.
Y entender esa diferencia cambia mucho las cosas.
Porque pasas de preguntarte:
“¿Por qué no me esfuerzo más?”
a preguntarte:
“¿Qué necesita mi cerebro para poder empezar esto?”
Y esa segunda pregunta es mucho más útil.
No necesito más culpa, necesito entender cómo funciono
A mí me ayuda mucho más pensar en el TDAH como una dificultad para regular la atención que como una simple incapacidad para concentrarme.
No significa que pueda controlarlo todo una vez que lo entiendo.
Ojalá. Nos ahorraríamos unas cuantas agendas abandonadas por el camino.
Pero sí me permite observarme de otra manera.
- ¿Por qué esta tarea me resulta tan difícil de empezar?
- ¿Puedo dividirla?
- ¿Necesito hacerla más visible?
- ¿Puedo introducir movimiento, novedad o una pequeña recompensa?
- ¿Estoy esperando a sentir ganas para comenzar?
De repente, en lugar de luchar constantemente contra mi cerebro, puedo empezar a diseñar algunas cosas teniendo en cuenta cómo funciona.
Quizá la pregunta no sea “¿puedes concentrarte?”
Quizá sea:
- ¿Puedes decidir fácilmente en qué concentrarte?
- ¿Puedes empezar cuando necesitas empezar?
- ¿Puedes cambiar de tarea cuando toca?
- ¿Puedes parar cuando algo te ha atrapado?
Para mí, ahí está una parte importantísima de la conversación sobre el TDAH.
Porque muchas veces no es:
“No puedo concentrarme.”
Es:
“No siempre puedo elegir fácilmente en qué me concentro, cuándo empiezo… y cuándo consigo parar.”
Y cuando entendí esa diferencia, muchas cosas de mi propia historia (que puedes seguir explorando en mis reflexiones) empezaron a tener bastante más sentido.
Si te reconoces en esta forma de vivir con la cabeza a mil, en Todo el día a mil por hora comparto más experiencias y herramientas…
¿Te has sentido identificado/a con esto?
📖 En mi libro Todo el día a mil por hora encontrarás herramientas prácticas para gestionar la impulsividad, la saturación mental y las emociones intensas.
👉 También puedes suscribirte para recibir nuevos artículos y recursos gratuitos.
¿Quieres que escriba sobre un tema concreto? Escríbeme. También colaboro con medios y empresas creando contenido sobre TDAH, bienestar y salud mental.

