Reflexión sobre aceptarse a uno mismo y el crecimiento personal
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Ser valiente también es aceptar: dejar de luchar contra ti para empezar a trabajar contigo

Durante mucho tiempo confundí ser valiente con aguantar.

Seguir.

Poder con todo.

No quejarme demasiado.

Levantarme después de cada golpe y continuar como si aquí no hubiera pasado nada.

Pensaba que ser fuerte consistía en resistir.

Y ahora creo que algunas de las decisiones más valientes de mi vida han empezado justo al contrario: aceptando.

  • Aceptando que algo me dolía.
  • Que había cosas que no podía gestionar sola.
  • Que mi cabeza funcionaba de una manera determinada.
  • Que algunas situaciones me costaban más de lo que quería reconocer.
  • Que necesitaba ayuda.

Y, sobre todo, aceptando que comprenderme no iba a cambiar mi vida si después yo no hacía nada con aquello que había comprendido.

Aceptar no significa conformarse

Creo que esta es una de las confusiones que más daño nos hacen.

Aceptar parece decir: «Bueno, soy así. Qué le vamos a hacer.»

Pero para mí aprender a aceptarse a uno mismo ha terminado significando algo completamente diferente: «Esto es lo que hay ahora. ¿Qué puedo hacer con ello?»

Y esa diferencia es enorme. Porque mientras estás peleándote con la realidad, gastas una cantidad increíble de energía deseando que fuera distinta.

¿Por qué soy así? ¿Por qué me cuesta esto? ¿Por qué los demás pueden y yo no? ¿Por qué vuelvo a hacerlo? ¿Por qué no consigo cambiar?

Yo conozco bastante bien ese interrogatorio. El problema es que nunca me ayudó demasiado.

Hay cosas que no elegimos; lo que hacemos con ellas, sí

Yo no elegí tener TDAH. Tampoco elegí muchas de las dificultades que he vivido. Pero ha llegado un momento en el que he tenido que decidir qué hago con todo ello.

Y ahí empieza la parte menos bonita del crecimiento personal.

Porque entenderte es maravilloso. Aceptar emociona. Hablar de autocuidado queda precioso. Trabajarlo es otra historia.

Trabajar significa ir a terapia y encontrarte con cosas que quizá preferirías no mirar. Significa reconocer patrones propios, poner límites aunque incomode, pedir perdón cuando corresponde, cambiar hábitos y practicar una herramienta veinte veces aunque las primeras diecinueve parezca que no sirve para nada.

Significa parar antes de reaccionar y volver a intentarlo después de haber recaído exactamente en aquello que juraste que ya habías aprendido.

Eso también es crecimiento. Y no siempre queda bonito en Instagram.

Mi diagnóstico me explicó muchas cosas, pero no podía hacer el trabajo por mí

Descubrir mi TDAH en la edad adulta fue importante. De repente pude mirar hacia atrás y comprender muchas situaciones desde otro lugar. Había explicaciones para cosas por las que me había juzgado durante años, y aquello fue liberador.

Pero después entendí algo que para mí ha sido todavía más importante: una explicación puede quitarte culpa, pero no puede vivir tu vida por ti.

  • Saber que tengo dificultades con la impulsividad no significa que pueda decir todo lo que pienso y después justificarlo con mi TDAH.
  • Saber que puedo tener dificultades para regular mis emociones no significa que mis emociones no tengan consecuencias.
  • Saber que determinadas tareas me cuestan más no significa que pueda dejar de responsabilizarme de ellas.

Lo que sí significa es que puedo dejar de utilizar herramientas que no me funcionan y empezar a buscar otras. Ahí está la diferencia entre culpa y responsabilidad.

La culpa dice: «Hay algo mal en mí.»
La responsabilidad pregunta: «¿Qué puedo hacer yo a partir de ahora?»

También hay que ser valiente para pedir ayuda

Esta me ha costado. Porque pedir ayuda supone reconocer que no puedes con todo, y vivimos rodeados de mensajes que nos dicen exactamente lo contrario: sé independiente, sé fuerte, supérate, hazlo tú.

Yo cada vez creo menos en esa fortaleza. He necesitado profesionales, terapia, parar, aprender y escuchar cosas que no siempre me apetecía escuchar. Y sigo necesitándolo.

Pedir ayuda no me ha hecho menos capaz: me ha permitido dejar de gastar tanta energía intentando resolver sola cosas para las que no tenía herramientas.

Trabajar en ti no significa convertirte en otra persona

Esto también es fundamental. No quiero dejar de ser intensa. No quiero convertirme en una persona completamente previsible, perfectamente organizada y emocionalmente plana. Me aburriría muchísimo.

Hay partes de mi manera de ser que me encantan: mi creatividad, mi curiosidad, mi capacidad de entusiasmarme, la intensidad con la que vivo las cosas y mi manera de lanzarme a proyectos que cinco minutos antes ni siquiera existían.

No quiero apagar eso. Lo que quiero es aprender a gestionar aquello que a veces hace que esa misma intensidad juegue en mi contra. Trabajar en ti no debería consistir en borrar quién eres, sino en ayudarte a vivir mejor siendo quien eres.

Algunas veces avanzar será hacer; otras, será parar

También he tenido que cambiar mi idea de progreso. No siempre avanzar significa producir más. Algunas veces avanzar ha sido decir que no, cancelar algo, descansar, reconocer que estaba saturada, cambiar de opinión, alejarme o volver a empezar.

Y otras veces, sí, avanzar ha significado dejar de buscar explicaciones y hacer aquello que sabía que tenía que hacer.

Por eso cada vez me gusta más una pregunta: ¿Qué necesita de mí esta situación ahora?

No qué debería hacer la Arantxa perfecta, ni qué haría otra persona, ni qué queda mejor. Sino qué puedo hacer yo, desde donde estoy hoy.

Quizá eso sea, para mí, ser valiente

No tener miedo sería bastante cómodo, pero no creo que la valentía funcione así. Para mí, ser valiente empieza a parecerse mucho más a esto:

  • Mirar lo que hay sin salir corriendo.
  • Aceptar aquello que no puedo cambiar y trabajar aquello que sí.
  • Pedir ayuda cuando la necesito.
  • Responsabilizarme sin machacarme.
  • Equivocarme y volver.
  • Y dejar de intentar convertirme constantemente en alguien diferente para empezar a aprender a vivir conmigo.

Curiosamente, gran parte de lo que terminó convirtiéndose en mi libro Todo el día a mil por hora nació de ahí: no de tener respuestas, sino de empezar a mirar de frente preguntas que durante años había evitado.

Y quizá también por eso después necesité crear el Planner Anticaos: porque llega un momento en el que comprenderte es fundamental, pero después toca experimentar, trabajar y descubrir qué funciona realmente para ti.

Sigo en ello. Probablemente siempre lo estaré. Y hoy ya no me parece un fracaso. Me parece vida.

Una pregunta para ti:

Hay algo que quizá llevas mucho tiempo intentando cambiar sin haber aceptado primero que está ahí. No tienes que resolverlo hoy, pero quizá puedas empezar preguntándote:

¿Estoy luchando contra lo que soy… o estoy trabajando con lo que soy?

A veces, la valentía empieza justo ahí.

📖 Para comprenderte mejor

Todo el día a mil por hora

✏️ Para llevarlo a la práctica

Planner Anticaos

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📖 En mi libro Todo el día a mil por hora encontrarás herramientas prácticas para gestionar la impulsividad, la saturación mental y las emociones intensas.

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