La conexión entre el intestino y el cerebro
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La conexión entre el intestino y el cerebro: mi historia después de más de 20 años buscando respuestas.

¿Alguna vez has sentido que tus emociones se reflejan directamente en tu digestión? Comprender la conexión intestino cerebro salvó mi salud, pero me costó más de dos décadas darme cuenta de que el cuerpo y la mente no funcionan por separado. Hay cosas a las que una termina acostumbrándose: a vivir cansada, a tener la barriga hinchada después de comer o a no ir al baño durante días, pensando que es normal sentirse pesada, incómoda o sin energía. Yo también me acostumbré.

Durante años pensé que era normal sentirme así

Durante más de veinte años conviví con problemas intestinales. Pasé por épocas de estreñimiento desesperante, inflamación, molestias que iban y venían y esa sensación de que algo no terminaba de funcionar, aunque muchas veces las pruebas dijeran que «todo estaba bien».

Y cuando además tu cabeza tampoco descansa nunca, llega un momento en el que ya no sabes qué viene del cuerpo y qué viene de la mente.

El día que empecé a unir las piezas

Hasta que un día empiezas a unir las piezas.

Empiezas a entender que el estrés también se digiere. Que las emociones también dejan huella.

Cómo me afectaba la conexión intestino cerebro en el día a día

El intestino y el cerebro hablan mucho más de lo que imaginamos. Cuando ignoramos esta comunicación, el malestar se vuelve crónico. Y entonces dejas de buscar una solución rápida y empiezas a buscar algo mucho más importante: comprenderte.

En mi caso, profundizar en la conexión intestino cerebro me llevó a cambiar pequeños hábitos, a escuchar más a mi cuerpo, a interesarme por el mindfulness, por la alimentación, por el descanso y, después de probar muchas cosas, a encontrar una suplementación con la que, por fin, sentí que mi cuerpo empezaba a responder.

Curiosamente, mucho antes de convertirme en partner, ya llevaba más de doce años utilizando los productos de Ringana. Primero fui clienta. Mucho después decidí formar parte del proyecto. No porque quisiera vender productos, sino porque me di cuenta de que recomendar aquello que forma parte de tu vida es mucho más sencillo que intentar convencer a nadie de nada.

Lo que cambió cuando empecé a escuchar mi cuerpo

Hoy sigo teniendo días buenos y días malos. No creo en soluciones milagrosas. Creo en escuchar al cuerpo antes de que tenga que gritar.

Si este artículo consigue que una sola persona deje de normalizar el sentirse mal y empiece a escuchar un poco más a su cuerpo, habrá merecido la pena escribirlo.

Por qué hoy comparto este camino

Muchas de las reflexiones que comparto aquí nacen del mismo camino que me llevó a escribir Todo el día a mil por hora. Un libro donde hablo, sin filtros, de vivir con una mente que nunca se detiene y de cómo he aprendido a entenderme un poco mejor.

Si quieres profundizar en esta historia y descubrir cómo gestionar una mente intensa y un cuerpo consciente, te invito a conocerlo.

 

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