Reflexiones de un retiro de mindfulness (I)
Hace unos días participé en un retiro de mindfulness que me ayudó a comprender mejor cómo funciona el sistema nervioso y cómo volver a la calma.
Pero lo que encontré fue algo mucho más profundo.
Fue una pausa.
Una pausa para mirar la vida desde otro lugar.
Vivimos en una sociedad donde el despertador, la agenda y las prisas marcan el ritmo de nuestros días. Corremos de una cosa a otra y muchas veces acabamos viviendo en modo hacer.
Resolver.
Cumplir.
Seguir adelante.
Ese modo nos ayuda a sobrevivir, pero también puede alejarnos de algo fundamental: nosotros mismos.
Este retiro fue una oportunidad para parar y observar qué estaba pasando realmente dentro de mí.
Retiro mindfulness: el sistema nervioso necesita señales de seguridad
Uno de los aprendizajes más importantes del retiro fue entender cómo funciona el sistema nervioso.
Cuando el cuerpo percibe amenaza o exceso de estímulos, entra en un estado de activación constante. En ese estado aparecen el estrés, la tensión y muchas veces pensamientos repetitivos que no nos dejan descansar.
Pero cuando el cuerpo recibe señales de seguridad, algo cambia.
La respiración se vuelve más lenta.
El cuerpo empieza a relajarse.
La mente se aclara.
Por eso muchas prácticas de mindfulness no intentan forzar la calma, sino crear las condiciones para que el sistema nervioso pueda regularse.
La pregunta más importante de este Retiro mindfulness
Antes de cada práctica nos hacían siempre la misma pregunta:
¿Cómo estás?
Puede parecer algo muy sencillo. Incluso una pregunta que hacemos muchas veces al día casi por educación.
Pero allí tenía un significado completamente distinto.
No era un “¿qué tal?” automático.
No era una respuesta rápida.
Era una invitación a mirar de verdad hacia dentro.
A darnos cuenta de qué estaba pasando en ese momento.
Cómo estaba el cuerpo.
Cómo estaba mi mente.
Qué emociones estaban presentes.
Y algo que me llamó mucho la atención fue que no había que cambiar nada.
No había que relajarse si estabas tensa.
No había que dejar de pensar si la mente estaba llena de pensamientos.
Solo reconocerlo.
En el día a día vivimos con el piloto automático activado.
Vamos de una cosa a otra, cumpliendo tareas, respondiendo mensajes, mirando la agenda.
Pero casi nunca nos detenemos a preguntarnos de verdad:
¿Cómo estoy ahora mismo?
Y sin embargo, esa pequeña pausa puede cambiar mucho.
Porque en el momento en que te observas con honestidad, algo empieza a moverse dentro.
A veces aparece calma.
Otras veces aparece incomodidad.
Pero en ambos casos aparece algo muy valioso: conciencia.
Y muchas veces, solo con eso, el cuerpo ya empieza a regularse.
El poder del silencio
Durante el retiro también experimentamos dos días prácticamente en silencio.
Al principio pensé que no iba a poder aguantar.
Estamos tan acostumbrados a hablar, responder mensajes o llenar todos los espacios de estímulos, que el silencio puede resultar incómodo.
Pero con el paso de las horas empezó a sentirse como un descanso.
Sin conversaciones constantes, empiezas a notar cosas que normalmente pasan desapercibidas:
- los sonidos,
- los sabores,
- las sensaciones del cuerpo.
Meditar no es solo sentarse
Otra de las cosas que descubrí es que la meditación no se limita a sentarse en silencio.
Puede aparecer en muchos momentos:
- caminando
respirando</> - escuchando el entorno
- observando lo que ocurre a nuestro alrededor
La práctica puede estar en cualquier lugar si estamos presentes.
Quizá lo más importante que me llevé del retiro fue comprender algo muy sencillo.
Siempre puedo parar, respirar y volver a mí.
Pero en ambos casos aparece algo muy valioso: conciencia.
Porque a veces no necesitamos hacer más cosas.
A veces solo necesitamos detenernos un instante y escucharnos.
Y recordar algo muy simple:
Todo lo que necesito también está en mí.
En el próximo artículo compartiré otras reflexiones del retiro sobre rumiación mental, hábitos y claridad

