Organización para TDAH y demasiadas ideas en adultos
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Tengo tantas cosas que quiero hacer que a veces no sé por dónde empezar

Tengo un problema.

Bueno, tengo varios, pero hoy vamos a hablar de uno: se me ocurren demasiadas cosas.

Estoy escribiendo un libro y, de repente, se me ocurre otro. Estoy preparando un proyecto y aparece una idea que me parece maravillosa. Empiezo a investigar algo y, cuando quiero darme cuenta, llevo tres horas leyendo sobre un tema que ni siquiera tenía previsto mirar.

Y claro, después llega la realidad: el trabajo, la casa, las responsabilidades, los mensajes pendientes, las cosas que empecé ayer y las que debería haber terminado la semana pasada.

Y ahí estoy yo, con una cabeza llena de ideas, una lista interminable de cosas por hacer y la sensación de que el día debería tener unas cuantas horas más.

Porque tener muchas ganas de hacer cosas no significa tener energía para hacerlas todas.

Y esto me ha costado bastante entenderlo.

Cuando tu cabeza va más deprisa que tu vida

Una de las cosas que más me gustan de mi manera de ser es mi creatividad. Me entusiasma aprender, descubrir, escribir, investigar y empezar proyectos nuevos.

Cuando algo me interesa, puedo pasar horas completamente concentrada en ello. El problema llega cuando tengo que decidir qué hago primero. Porque todo me parece importante, todo me apetece y todo podría convertirse en algo interesante.

Y mientras intento decidir, sigo teniendo nuevas ideas.

A veces me pregunto si mi cabeza tiene algún departamento encargado de cerrar proyectos o si todos sus empleados se dedican exclusivamente a inaugurar otros nuevos. Porque, desde luego, ideas no faltan: lo que falta muchas veces es espacio para llevarlas a cabo.

Tener TDAH no significa que todas mis dificultades sean culpa del TDAH

Desde que recibí mi diagnóstico de TDAH a los 41 años he aprendido a comprender mejor algunas de mis dificultades. En el TDAH pueden aparecer problemas relacionados con la planificación, la organización, la regulación de la atención y la priorización de tareas.

También puede resultar difícil cambiar de actividad cuando estamos completamente absorbidos por algo que nos interesa. Pero no todo lo que me ocurre tiene que ver necesariamente con el TDAH.

A veces simplemente quiero hacer demasiadas cosas. A veces me comprometo con más de lo que puedo asumir. Y otras veces me cuesta aceptar que, aunque tenga capacidad para hacer algo, eso no significa que tenga que hacerlo ahora.

No todo lo que puedo hacer merece convertirse en una obligación. Esta frase me la tendría que poner delante del ordenador en tamaño gigante.

El problema no es tener demasiadas ideas; es querer hacerlas todas a la vez

Durante mucho tiempo pensé que la solución estaba en organizarme mejor: otra agenda, otra lista, otro sistema, otra aplicación. Y no digo que las herramientas de organización no ayuden; a mí me ayudan muchísimo cuando encuentro una que encaja con mi forma de funcionar.

Pero hay algo que ninguna agenda puede hacer por mí: decidir qué es realmente importante.

Porque puedo organizar perfectamente veinte tareas y seguir sin tener tiempo ni energía para hacerlas todas. He empezado a entender que organizarme también significa renunciar. No necesariamente para siempre; a veces simplemente significa decir: «Esto me encanta, pero ahora no» y guardar esa idea para otro momento, aunque mi cabeza proteste un poquito.

Hay una diferencia entre estar ocupada y estar advancing

Esta es otra de las cosas que estoy aprendiendo. Puedo pasarme un día entero haciendo cosas y terminar con la sensación de no haber avanzado.

Contesto mensajes, investigo, organizo, empiezo algo, cambio de tarea, vuelvo a lo anterior, se me ocurre otra idea… Y cuando llega la noche, estoy agotada. Pero aquello que realmente quería hacer sigue pendiente.

Por eso estoy intentando hacerme una pregunta antes de empezar el día: ¿Qué es lo que de verdad quiero sacar adelante hoy?

No diez cosas. Una. La que, si consigo hacerla, me permitirá terminar el día sintiendo que he avanzado en algo importante para mí. No siempre lo consigo, pero cuando lo hago, noto la diferencia.

Estoy aprendiendo a elegir sin sentir que estoy perdiendo algo

Esto quizá sea lo que más me cuesta. Porque cuando tienes la mente inquieta y te cuesta empezar o seleccionar tareas, elegir una opción puede sentirse como renunciar a todas las demás.

Si dedico tiempo a escribir, no estoy trabajando en otro proyecto. Si descanso, no estoy avanzando. Si me concentro en una idea, las demás tienen que esperar.

Y ahí aparece esa vocecita que dice: «Podrías estar aprovechando mejor el tiempo». ¿Pero aprovecharlo para qué? ¿Para terminar el día sin haber disfrutado de nada? ¿Para convertir todas mis aficiones en obligaciones? ¿Para vivir permanentemente con la sensación de llegar tarde a mi propia vida?

Cada vez tengo más claro que no quiero eso. Quiero seguir siendo una persona curiosa, creativa y con ganas de hacer cosas, pero también quiero poder disfrutar de lo que estoy haciendo sin estar pensando constantemente en lo siguiente.

Lo que estoy probando para no perderme entre tantas ideas

No tengo un método infalible, pero hay algunas cosas que me están ayudando a poner un poco de orden:

  1. Guardar las ideas sin tener que empezarlas inmediatamente: Antes, cuando se me ocurría algo interesante, sentía la necesidad de ponerme con ello al instante. Ahora intento apuntarlo. La idea sigue ahí; no tengo que desarrollarla hoy para que siga siendo una buena idea mañana.
  2. Elegir una prioridad real: Puedo tener varias tareas importantes, pero intento decidir cuál necesita mi atención primero y terminar una parte antes de saltar a otra.
  3. Dividir los proyectos en pasos pequeños: «Escribir un libro» es una tarea enorme; «revisar tres páginas» es algo mucho más concreto. Cuando reduzco el tamaño del siguiente paso, me resulta más sencillo empezar.
  4. Dejar espacio para descansar: Estoy aprendiendo que el descanso no debería ser lo que hago únicamente cuando ya no puedo más. Mi cabeza también necesita momentos en los que no tenga que producir, resolver o crear nada.
  5. Aceptar que algunas cosas tendrán que esperar: Esta es la que más trabajo me da. Pero estoy empezando a comprender que aplazar un proyecto no significa abandonarlo; a veces significa darle el espacio que merece cuando realmente pueda dedicarle tiempo.

De entender mi cabeza a aprender a organizar mi vida

Muchas de estas reflexiones forman parte del camino que me llevó a escribir mis proyectos principales sobre el manejo de la sobrecarga mental y el TDAH en adultos.

Necesitaba poner palabras a esa manera de vivir con la mente acelerada, las emociones intensas y la sensación de tener demasiadas cosas ocurriendo a la vez.

Pero después de escribir sobre ello me encontré con una pregunta: «Vale, Arantxa. Ahora que empiezas a entenderte, ¿cómo llevas todo esto a tu vida cotidiana?»

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No quiero tener menos ideas. Quiero aprender a disfrutar de ellas.

Sigo teniendo demasiados proyectos. Sigo entusiasmándome con cosas nuevas. Sigo empezando algunas tareas antes de terminar otras, y probablemente mañana se me ocurra algo que hoy ni siquiera había imaginado.

Pero estoy intentando cambiar una cosa: no quiero que todas mis ideas se conviertan en una deuda pendiente conmigo misma.

Quiero poder elegir, disfrutar, terminar algunas cosas, dejar otras para más adelante y reconocer que no necesito hacerlo todo para sentir que estoy aprovechando mi vida.

Porque quizá el objetivo no sea conseguir que mi cabeza vaya más despacio. Quizá sea aprender a decidir a qué quiero dedicarle mi atención, recordando que, mientras construyo todos esos proyectos que me ilusionan, también tengo una vida que merece ser vivida.

Y tú, ¿tienes más ideas que tiempo para llevarlas a cabo? ¿O eres de las personas que consiguen terminar una cosa antes de empezar la siguiente?

Te leo en los comentarios. Quizá entre todas encontremos alguna estrategia que todavía no se me haya ocurrido. Aunque, pensándolo bien… ¡igual lo último que necesito es otra idea! 😂

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